17 abril, 2009
El molino.
con la matemática exactitud de sus formas, instantáneas, su sombrero de vapor.
Parece muy sola ... igual parece feliz.
Un aroma robusto parece impregnar en mis dedos al instante en que acaricio los finos cabellos, lisos, colgantes y tímidos que se permiten el abandono, recorriendo un camino oscuro, matizado, que segundos antes, nunca visto.
Dolor de grano seco, exquisito sabor, de qué manera no debe estar orgullosa.
13 febrero, 2009
Debajo de tu lengua.
dame al menos un par de letras y otro par de vocales,
inventaré un lenguaje.
- Nahual Insane -
12 enero, 2008
Medianoche
05 noviembre, 2007
Propiedad Privada.
16 octubre, 2007
Simpatía por Dios
En el silencio se narran historias, que tienen eco en la eternidad…
Hundo mis pensamientos de entre la vorágine social
Me sostengo del silencio para escuchar.
…padeceré de hambre… en tanto degusto teorías, me embriago de axiomas, sorbo el conocimiento, saboreo cada palabra que brinde sabiduría… en tanto viva de mis ideales.
Casi místico, casi tangible, casi vivo, casi muerto.
Vibraciones armónicas, pulsiones ordenadas, vida en plenitud.
Verbo que hace silencio y revolución
Acto vehemente en la praxis humana
Sintonía que al espíritu armoniza.
13 octubre, 2007
Conversaciones
La mujer es la ecuación más aleatoria y no lineal a la que el hombre jamás podrá encontrar solución
Dios hizo trampa a los hombres, porque nos ha dado un poblema que ni él mismo es capaz de resolver.
La mujer termina siendo para el hombre una solución real en un punto singular.
Dr. Miguel Torres.
Music by: Mar de copas-Fugitivo
Texto basado en hechos 100% reales.
12 octubre, 2007
El Asunto del Creer
1. Del desencantamiento del mundo al antiesencialismo del sujeto.
2. La insoportable necesidad de creer.
3. Disertación.
10 octubre, 2007
Vi mierda flotando
Y cómo el Señor Poeta
La tomaba de entre el aire
Y la convertía en verso
“¡ese es el verdadero artista señor!”
el que toma la caca misma entre sus manos
y la convierte en escultura súper terrenal
la palabra no va ahí
no escribas nunca más
se necesitan artistas- elitistas
¿Qué importa que nadie te entienda?
Si la poesía es estética es poesía, si no se convierte en desperdicio
¿Entiende el ciclo de la mierda?
¡Hemos vuelto a empezar!
Mucho siseo, mucho pepeo
Muchas cadenas para pensar en lo que quiero
Muchas jaladas
“Jaladas es del habla coloquial”
¡disculpe señor poeta, discúlpeme por pensar!
Qué vocabulario tan gastado, qué manera la suya de divagar
¿Ha leído usted a los verseros?
El versero yo lo acabo de inventar.
Verá usted: es un mujer una hombre que escribe sin sujetarse a las pendejadas convencionales
que mandan los señores que saben de arte y que son cultos
¡sus versos son excremento!
¡Carecen totalmente de métrica!
¡No tiene cadencia al recitar!
He sido exiliado del mágico mundo de la Estética estúpida, superficial,
¡Qué hermosa composición!
¿Ya vio que las palabras en la hoja tienen forma de culo marchito?
¡Qué bonito!
¿Lo ve? Ya pude rimar.
Yo no sirvo para escribir, porque no escribo como Ugalde, como López o como Flerche,
¿Quiénes son esos?
¿Qué importa? Ya los nombré.
Y mientras los nombro los enaltezco
Me hago chiquito y me voy
¡Qué triste, no soy escritor!
Nunca podré publicar un libro.
La gente no leerá mis puteces filosóficas
La gente no me pondrá en pedestales
nadie me llevará flores al lodo cuando me muera
“Esto es basura que apesta”
¿ya le mencioné la etapa de la caca? La fase en que la porquería se transforma en arte y se cuela en una galería en forma de esplendor.
La gente paga millones por admirar pestilencias
Los verseros son unos locos que andan desnudos sin sed
Escriben con piedritas en la tierra
Pero no saben escribir
Se inventan letras y palabras que no tienen nombre
Escriben con gusanos en la panza de los grandes señores que comen huevos de milpiés y fetos recién abortados
¡Lo más exquisito con cubierto de metal fino!
Los verseros no existen porque no tienen academia
No tienen técnica ni espacio en la crítica
Son del pueblo y el pueblo no los escucha
Pero ellos lo miran y son hijos de su decadencia alegre
¡Oh hermosa putrefacción! Mientras la Tierra se cae a pedacitos yo me pongo a hablar del estilo poético de Rochette (¿quién carajos es ese güey? No sé, un poeta noruego irlandés alemán ruso inglés que escribía como Legrel ¿qué quién era Legrel? Un señor ruso chino francés argentino que escribía como Pollet… )
adiós, yo no vuelvo a rayar un solo garabato en el hoja de una árbol
si no me parezco a Chancro no soy bueno.
¡Rescáteme de la estupidez, del lugar común!
¡Rescáteme vuélvame como yo, como usted, pero que no se parezca a mí!
El poeta no se hace, se nace. Lo siento. Cupo limitado. No más intelectuales excluyentes. A la otra vida.
Gracias ¡Qué pena hijo! No soy dios pero mira cómo juzgo sus ensayos. Ensayo y error.
Nunca supe escribir
¿Según quién?
Según un pendejo descalzonado que tiene prejuicios hasta para cagar.
Otra vez huele a mierda.
Pero ya sé cómo empezar.
Es el ciclo de la caca, una y otra vez. Si hoy soy mierda, mañana soy del cerrado Sir Culo de artistas.
05 octubre, 2007
De las Incomodidades...
Para Octavio.
Me molesta sobremanera que la gente piense que todos los ángeles forzosamente tienen alas, pero me molesta, caso particular, que crean que yo soy un ángel.
Tener alas no es necesariamente significado de divinidad, al contrario, a veces he pensado que es un castigo, afortunadamente, no todos las ven…
Los niños son, sin excepción, observadores, más aún, escudriñan con detenimiento todo lo que se posa ante sus ojos. Los niños siempre han visto mis alas.
No tengo problemas en contestar torrentes de preguntas a ellos, no me sofocan sus miradas de asombro. Más bien me preocupan “los grandes.”
Una vez, en un puesto de tacos, sentí sobre mi humanidad el peso de algunas miradas y me di cuenta de que toda la gente a mi alrededor me miraba idiotizada. Una señora, que por cierto estaba con su hijo pequeño, me pidió una pluma, lo cual francamente me molestó, y le dije: Señora ¿alguna vez le han arrancado un pelo púbico? La mujer pareció no escucharme y como el niño empezó a hacer su puchero, opté por regalarle la mal llamada “pluma”.
En realidad, la gente no imagina lo doloroso que es arrancarse una “pluma”. Duele casi igual que quebrarse un dedo o sentarse en una tachuela. Duele casi igual que una inyección o la mordida de un perro. (Duele más o menos así.)
¿Volar? Volar es un placer casi prohibido. No puedo volar de día. Cuando llevo prisa tengo que amarrarme las alas, pues me veo demasiado tentada a usarlas y comienzan a moverse sin que logre controlarlas. Tengo que andar en transporte común, lo cual es un martirio pues mis alas se doblan, chocan con todos, estorban a todos (nadie se explica porqué ocupo tanto espacio si mi mochila no es tan grande.)
Sólo vuelo de noche y en lugares poco transitados. En resumidas cuentas, esto de tener alas no es ninguna genialidad, aunque hoy en día es menos peligroso, pues la gente va tan ocupada y envuelta en sí misma que ya no se percata de nada, lo cual sí es muy peligroso, y más que peligroso, preocupante.
Sólo de vez en cuando disfruto de mi deformidad, es de veras divertido saludar a la gente que vuela en aviones, asustar a las abuelas cuando revoloteo sobre algún tejado, llevar a algún ciego a dar un paseo por el cielo, salvar a cualquier suicida sin que se dé cuenta –muchos piensan que la gracia divina los rescató por alguna razón,- llevar a algún desahuciado a dar su primer vuelo-
Sólo de vez en cuando, juego a que soy un ángel.
04 octubre, 2007
Haiku*
Nada han cambiado
el mar y el olvido
al borrar tus huellas.
* El Haiku (o Haikai) es otro tipo de poema breve de origen japonés. Consta de diecisiete sílabas organizadas en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente.
Este tipo de poema plasma una situación cotidiana a la que el poeta japonés liberaba de toda trivialidad al elevarla al plano trascendental del espíritu.
Disfrútelo con leche.
V.N.
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ocho horas después (actualización):
De alguna forma debo liberarme, debo desgarrate, borrarte, matarte, antes de que todo lo anterior suceda conmigo. He recogido todos los pedazos que yacían en el tiempo, algunos sobran y otros se han perdido para siempre. Este proceso ha sido largo hasta la nausea, y yo ya estoy cansado. Y tú, tú estás mas viva que nunca. Todo carece de principio, magnitud, sucesión y sentido; la carestía es un río desbordado que trasciende más allá de tu presencia y se lo lleva todo, incluso, la posibilidad de significado.
Y tú, tú eres una marea.
V.N.
19 septiembre, 2007
Doña Ajustina y Cascabel
—Ya ves, decía doña Ajustina, que el ingrato de mi hijo ha decidido alejar su tierno calor del vientre que le dio origen, como olvidando la deuda eterna de un hijo hacia una madre. Pues así viniera el invierno o la tormenta, gozaba ese malagradecido de un pecho tibio que le reconfortaba; así las lunas depositaran su oscuridad sobre estos ojos míos, nunca dejé de velar su sueño ni su frente hirviendo; así las cosechas cayeran al suelo y los vientos derribaran los frutos de los árboles, jamás faltó alimento a su voraz vientre. — Lo veo y parece que soy engañada, pues ni el pezón que le abrigó, ni tus tiernos ojos en vigilia, ni el alimento que en boca suya siempre pusiste ha sido suficiente. ¡Maldición absoluta la de ser madre, poseer sólo para quedar desposeída!
Así degustaron cacareando las dos vecinas, amigas y cómplices hasta que la noche venció por fin al día, lanzando al sol al centro de los infiernos, donde sólo se encuentran Titanes resguardados por la fiereza del centímano. El camino las condujo a la morada de la recién enterada madre abandonada. Al entrar, halláronse ambas acorraladas por la mirada acuciante y dolida de la hermana de Liberto y, consecuentemente (hasta donde la historia familiar podía afirmar) hija de Ajustina: la muy prudente Sofía.
— ¿Es que por algún anatema has perdido el juicio, celosa madre? — Jamás me han hablado de forma tan hiriente, y jamás permitiré semejante atrevimiento, ¿es que consientes la locura de quien ha perdido el privilegio de llamarse hijo mío? — Has perdido el amor por ti misma, y junto a él, has dejado de amar no sólo a quien llamas traidor y malagradecido, sino a tu propia hija, el último resguardo de la edad en que aún concebías. — Pero, ¿qué tonterías dices?, mi amor por ti es lo que me mantiene viva, luego de que el pródigo y lujurioso de Liberto nos ha abandonado y dejado a nuestra suerte. — En verdad que hasta la lógica te ha abandonado. Pues si detestas hoy al hijo cuyo único pecado es hacer caso a las ordenanzas de la propia vida, ello sólo implica que jamás lo amaste rectamente y que, por simple analogía, tu amor por mi es una hipocresía que pervive siempre y cuando no rehúya yo de las cadenas con que tu amor me gloría.
Así habló la infanta Sofía, mientras su madre descontroló contra ella su furia impía, deslizando reveses y violencias que ni la Inquisición aprobaría. Mientras todo ocurría, Cascabel apretaba una quijada repleta de furia contra la indomable niña, mientras su corazón se batía por el dolor que sentía su pobre amiga.
Mientras la reprimenda contra la insolencia se consumaba, aparecieron en escena Liberto y Afronta quienes, horrorizados ante el espectáculo, tomaron a Sofía y se alejaron para siempre de la infamia locura de quien su madre se decía. Los tres partieron cuando la aurora pintaba ya los primeros amarillos y rojos sobre la alfombra del día.
Sofocada ya su ira, lamentaba Ajustina en el regazo de Cascabel. Sin entender una o la otra el motivo de tan lamentable partida, confiaban ambas su ortodoxia, bondad y entrega a la piedad santísima que les había autorizado tal poder. Solas, una y otra, repetíanse momento a momento la misma frase, la misma oración: si todo fuera como antes…
Aranda, 19 de septiembre de 2007
11 septiembre, 2007
Fragmentos: Castillos
Como la perfecta máquina, invención coetánea de los cielos y las estrellas, como el azul vestido índigo del instante entre la vigilia y el sueño; irrupción de la mayor perfección con centro entre las parcelas del norte y las sureñas; relativa conciencia, razón y sentimiento, buen gusto y maldad, debilidad y ceño; su nombre: el hombre, castillo encumbrado entre las montañas más bellas, castillo él como morada y como centro de intersección de lo malo y lo bueno.
Nacido entre los líquidos y sangre que le cobijaban como a larva entre mares, venido a más con los años que hinchan sus huesos, su carne y desvelo; es hombre al fin como lo somos todos, hermanos de sangre y de vuelo, de risa y consuelo. Somos la repetición inextinguible de intentos por el favor de Estigia contra la furia de Hades. Carcomidos por la ordenanza de ser “uno” en medio de “todos” nos pasa la vida; jamás se consigue, no obstante, pues siempre somos el eco de algún otro. Somos máquinas perfectas, composiciones maniqueas facultadas para dar vida o muerte, para hastiarnos de soledad o confortarnos en la compañía. Somos la unión entre el cielo y la tierra, el dedo que aproxima el más allá, somos todos y cada uno un loco.
Fácil es deshacer los castillos propios y ajenos, verter cobardemente el fuego sobre sus maderas finas y aleccionar a los súbditos que ahí habitan. Robar sus ajenjos y sus vinos, asesinar sus parcelas y asfixiar el último aliento del soberano mientras medita. Ardua es, al contrario, la construcción de túneles, escalinatas y puentes entre tan vastas construcciones. Tallar en las puertas un doble escudo, alimentar a los siervos de dos, aleccionarse todos en el respeto y sus correcciones. De ahí que las ciudades sean tan pobres y tan separadas, los hogares tan secos y friolentos, y que en los fogones se cuenten con matemática observancia las raciones de los “nuestros”. ¡Qué fácil madurar separaciones y límites bajo la lanza y el fuego… y qué difícil mostrar los portones nuestros abiertos, nuestros brazos ilusionados, y nuestros corazones dispuestos!
Juan Pablo Aranda. 11 Septiembre 2007.
07 septiembre, 2007
Cuento
Las calles eran marrones, crujientes y encendidas por el sol naranja, el frío transportado por el viento recorría el espacio levantando consigo las hojas y el polvo. En ese paraje desértico estábamos Tomás y yo. Acabábamos de visitar a Joan Miró, o lo que queda de él colgado de las paredes. También tuvimos oportunidad de conocer a un tal Fernand Léger, un pintor tubista de propuestas interesantes, no tan irreverente y caprichoso como Joan en sus pinturas, al menos no en los trazos y las formas, pero sí en los temas. Extrañamente la obra de uno era la antítesis del otro: el hombre como parte prescindible de la composición versus el hombre como toda la trama.
Afuera deEl mismo frío que traía el viento, y el mismo paisaje naranja y crujiente, esta vez decrecía en su color, todo el espacio se tornaba violeta-azul-gris. Había en el ambiente un fondo de Opera. El frío cada segundo inundaba más el aire hasta dejarnos casi sin respirar. Mi nariz: congelada. Las orejas: ya las había dejado de sentir hacía algún tiempo. Estaba sentado sobre una banca amarilla, mi pantalón negro se confundía con la gabardina negra que bailaba con el viento que arreciaba. Tomás encendía un cigarrillo, Ducado de marca, tabaco negro; “dulce aroma y suave tormento” me dijo.
Tomás estaba sentado sobre sus talones y todo su peso concentrado en el mismo eje. El frío seguía insoportable. Lo que antes era el cigarro ahora languidecía como colilla, consumiéndose en el suelo. Esta imagen compuesta de Tomás sentado sobre sus talones y la colilla en el suelo, me trajo el recuerdo de una cálida fogata. Me agregué a la composición casi bucólica del hombre y el fuego. Tomás y yo nos sentamos alrededor de la colilla intentando calentarnos, acercábamos las manos al débil fulgor del tabaco consumiéndose. De pronto, detrás de Tomás una cara bonita con ojos verdes y bufanda roja hizo una seña como pidiendo permiso de acercarse al fuego. Tomás le dio paso y allí estábamos los cuatro, con la mujer de la bufanda roja se había sumado la amiga en chaqueta de cuero, una mujer más bien regordeta de cara intrigante y nariz pronunciada. Todas las manos alrededor del fuego. Nos enteramos de que la mujer de bufanda roja y ojos verdes era Estonia, y estudiaba periodismo. Ese nombre habían decidido ponerle los padres después de consultar con un porro de mariguana. Se les hizo buena la idea en el momento. Los padres de esa época andaban escasos de nombres originales y recurrían a nombres de países, y entonces ella se llamaba Estonia. La amiga de chaqueta de cuero y regordeta era Rosa, nombre más sencillo pero no más sensato. Rosa estudiaba comercio y nos contó que le gustaban las noches sin luna, el sabor del chocolate y los cerezos cuando florean. Las historias de Estonia y Rosa transcurrían cuando de pronto sumábamos ocho, se nos habían unido una pareja de catalanes que morían al igual que nosotros de frío y otros dos ancianos de nacionalidad indefinida que, según sus propias palabras, no estaban ya para dejarse maltratar por el clima.
Tomás, Estonia, Rosa, Xavi, Núria, el abuelo, L’avia y yo, todos alrededor de la colilla que cada vez se hacía más efímera. Entonces Tomás decidió tirar al "fuego" los cigarrillos que quedaban, después de repartir uno a cada uno de los fumadores que éramos cuatro. Los abuelos por recomendaciones médicas no fumaban, Rosa y Estonia eran vegetarianas del ala radical, por lo tanto no fumaban.
Descongelando las manos y los pies, tratando de ganar el mayor calor posible, de la nada, unos franceses y un par de gitanos se sumaron a nosotros. Los franceses, siempre precavidos y borrachos, llevaban en las mochilas unas botellas de Cavernet de Sauvignon, unos quesos y unas patatas fritas que empezamos a compartir los veinte que éramos. Los gitanos, una morena bellísima con cabello liso y un tío mal encarado, con la guitarra a cuestas, compartieron la música. El fuego de las colillas se avivaba más con el danzar de la gitana y los aplausos de los miembros de esta improvisada fogata dentro de una parada de autobús. Estonia y Tomás hacían el amor en un rincón, alentados por el calor de las colillas, el vino y la cadenciosa música que interpretaban los gitanos. El par de catalanes habían empezado también con lo suyo, sólo que no tan alejados de la fogata, supongo que eso inspiró a una pareja de franceses a montarse un “menage a trois” con Rosa; eligieron esa modalidad del amor con un trasfondo un poco chovinista (en el sentido más positivo de la palabra), y haciendo honor a su origen Galo. Estas escenas me recordaban cómo imaginaba de niño (bien, no tan niño) lo que debió ser la prehistoria: las manadas de homínidos cazadores y pescadores alrededor del fuego, inventando la música, el amor y la poesía. Mientras tanto, yo estaba aterrado, miraba cómo los cigarrillos se acababan y ya no quedaría nada, ni fuego ni calor, sólo los cuerpos desnudos y tiritantes de los amantes en reposo.
Un corredor que pasó por la estación de autobuses me recomendó que utilizáramos hojas secas para preservar el fuego. De los cincuenta integrantes del grupo alrededor de la fogata, diez nos dispusimos a acarrear los restos que el otoño deja a su paso, para que la fogata perdurase y no morir congelados. Los otros 40 ya fabricaban calor propio.
Intrigados por el ruido y la alegría salieron Miró y Léger de los restos de sus almas dejadas en sus pinturas, materializados a partir de óleo y retazos de lienzo. De inmediato se incorporaron a la fiesta, les pasamos el vino y el queso, abrimos camino para que se acercaran al fuego, ellos nos regalaron la pintura e inmortalizaron esta fogata en un cuadro que quedaría para siempre en nuestras mentes y sólo temporalmente en la parada de autobuses bajo técnica de graffiti. Todos plenos, en esta fiesta nocturna e ígnea, bailaban y cantaban al ritmo de la guitarra gitana. Algunos vendedores ambulantes ya se habían acercado y ofrecían sus productos entre la gente.
Gemidos, aplausos, guitarras, risas, placer, amor y ebriedad, todo alrededor de la fogata que comenzó por ser colilla. Yo, ya un tanto borracho por el vino, intentaba hablar de algo con la gitana, pero no pude. La fiesta por el contrario seguía en su apogeo.
Poco después llegó el 50, Tomás y yo nos fuimos.
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V.N.
04 septiembre, 2007
Tanka*
1
Lluvia constante
que rompe en la ventana
cuánta nostalgia
hoy siento de sus labios
bajo el canto del agua.
*El Tanka, es una estructura poética de origen japonés (S. XV). Consta de un verso de cinco sílabas, otro de siete, uno más de cinco y dos últimos de siete. Carece de título y de rimas.
Tradicionalmente, el poeta japonés encontraba inspiración en la naturaleza para escribir un Tanka: el árbol, el monte, el río, la flor, etc., eran la fuente de la que bebía la creatividad del poeta para expresar un sentimiento.
Yo estoy lejos de ser poeta, pero la lluvia de estos últimos días…
Dejo esta entrada a manera de simple ejercicio (uno no muy bien logrado ya que no pude evitar las rimas), y porque tengo muy descuidado el congal.
(Gracias por quitarme el bloqueo.)
14 agosto, 2007
Llaga peregrina. (Escrito por "Llaga peregrina")
silente, insomne e infiel a la imparcialidad.
Soberano de sus sentimientos,
pero deudo de sus pensamientos finiquitados
se eleva el clamor de mi espíritu contrahecho.
Torvo, dolorido y dichoso:
¿a quién llorar, si todos lloran por dentro y para sí?
Torvo e inmaculado,
aunque la cáscara está corrupta.
Silente y efímero,
aunque las imprecaciones hieren el horizonte.
La bendita e inenarrable agonía que enturbia
los sueños del pasado,
los anhelos de lo venidero, posible e impensable,
imposible e inevitablemente dibujado en las entrañas
como glifo labrado antes que existiese la memoria,
maña de nuestros ancestros.
Sentimiento antediluviano al que me encaro vis a vis
como ayer y como sé que será mañana.
Dixi.
04 julio, 2007
Fragmentos: Ahogada Verdad.
Te encontraste con ella, la verdad se hizo presente y te dio fuerza para continuar de pie y calzado en el mundo. Fue más un choque, una constelación de ánimos que forzaron la explosión de esperanza y alegría; fue más un suspiro, una repetición instantánea de lo mismo, lo que siempre has sabido y que hasta ese momento ignorabas; fue la astucia de saberte en puerto seguro, la magia de evitar un día, al menos un día, tener que convencerte de que la vida valía. En la verdad encontraste la fuerza y con ella saliste como Zaratustra que anda y que brilla, como Salomón repartiendo el ritmo y medida, como el sol sereno que quema la arena al filo de una bahía. Los corredores se hicieron acogedores y las callejuelas veredas de música y orgía, los dientes te brillaron, te convertiste en hombre certero, en hombre feliz, en hombre risueño.
Mas apagaste el suspiro cuando volviste al campamento. Cerraron de un tajo los muelles sus brazos y los bosques su canto; se terminó la risotada que termina por conmover y alentar, regresaste al mundo de los humanos. Hoy el cerebro aún juega en la recóndita hostería que armas cuando quedo silencias todo contacto con el mundo, criticando la poca vena que mostraste cuando con ella vivías. La verdad se ha convertido en ti en la cicatriz que rememora un esfuerzo. Sigues preguntándote, quizá jamás lo olvides, ¿cuándo callar es pecado?
04 mayo, 2007
Fragmentos: Pisadas.
“El infierno o la segunda muerte […] es ahora el encerrarse voluntariamente en sí mismo”. J.R.
02 mayo, 2007
Correspondencia conmigo: ¿Dónde estás, sabiduría?
Digo y me repito a millares de sucesiones por minuto que basta ya de tanta habladuría, que sólo un lenguaje claro como manantial de diciembre será capaz de expresar el dolor que mi alma cruza y encontrar la respuesta que mi alma busca. Minutos, enjambre encarcelado entre el tiempo y el espacio, minutos aquí o allá, delante o detrás. Sólo copulando ambas ideas, la del espacio y del tiempo, será posible entender el minuto en que un pétalo de rosa muere y se desprende de la sutil liga que lo aferraba contra la flor fantástica de sueños de princesas. Minutos de tierra y de arena, reposando al tueste del mediodía, volando tras la ventisca de un huracán, volviendo a reposar, como siempre, sin nada decir, nada tocar, nada escuchar. La vida, entonces, se convierte en una balsa en la marea repentina de los minutos, que son sólo conglomerados de segundos y partículas de hora; la balsa de nuestros días corre y vuela de repente, cerrados los ojos evitando que el polvo cristalino de minutos se cuele por nuestros ojos e, inevitablemente, nos haga sollozar; en otros momentos yace nuestra balsa en la playa del sosiego, ni un ápice se mueve para no invertir tendencia tan ansiada cuando en vilo nos aferrábamos al huracán del tiempo. En fin, minutos todo, como todo se convierte en espacio y en tiempo, dos cerberos que custodian las puertas de la lucidez, arrancándole los ojos y los labios a todo aquel que deje de pensar sobre el tiempo y el espacio, con ellos, dentro de ellos, para ellos. A estos valientes que se han atrevido a desafiar al par de buitres –¿o dragones?– de la lucidez, el mundo ha gustado en llamar locos.
Buscando sin encontrar el sendero correcto, mirando la interminable visión de tantos caminos que conducen a ningún lado, ensombreciendo y empequeñeciendo aquéllos que, como cisnes peregrinos, poseen la certeza del final del recorrido. Los cisnes, ¿que no ya mucho se hablado de ellos?, en fin, no hablaré de tan magníficas bestias. Pero sí lo haré de los caminos, retorcidos y laberínticos caminos, que nos dan la idea de un sendero que se camina, siguiendo los pasos de aquellos más ilustres o más estúpidos, o bien, quizás, haciendo, como se ha cantado, camino al andar. Caminos deformes que achatan la vida, polarizan sentimientos y virtudes, pero caminos al fin. Como madrigueras nocturnas se desdibujan en la niebla, viniendo y alejándose, dejando a su paso a roedores que confunden y traspasan la natural habilidad del campeón, así la vida del hombre viene y va, tropezando a cada momento con roedores, comiendo entre fango y mugre la misma mierda con que tales alimañas se complacen por las noches, cuando sólo los demonios se atreven.
Los demonios. ¡Ahí está la clave!, en esos seres deformes de anchas fauces y retorcidas garras, que asaltan por las noches las almas tímidas e incoloras, que nos persiguen como larvas, nos acechan cual felinos, nos engullen a modo de sanguijuelas con la lentitud propia de los más hábiles cazadores, el deleite de una presa entre las fauces, la sangre que mana entre los ríspidos colmillos, sangre que endulza la maldad, enamora los sentidos del perverso, embriaga y conduce al orgasmo a las más pervertidas mentes. Eso es un demonio, y un demonio es miedo, porque, ¿quién en la tierra, aparte de mí, creería en ellos? El miedo se cuela y hace sombra en las penas, amarguras y deleites de los bípedos que, siguiendo a su natural estupidez, abren camino, preparan la mansión de lujos eternos, el alma, y dan cordial bienvenida a los magos del miedo, los demonios, que en monástica procesión se entronizan en el alma.
Quizás -¡sólo quizás!– lo que tengo es miedo: miedo de minutos que se convierten en demonios y succionan voraces la soledad de mi piel. Antes que tú te fueras no existía nada similar a un demonio corriendo por los patios, alamedas y rotondas de mi conciencia, pero ahora, ¡Dios mío, ahora!, las penas que encumbran en mi vientre no dejan a mi alma en paz. La sabiduría de una hoja del árbol más sencillo, de la gota de rocío que cae próxima a mi ventana, sin rozarla; el pestañeo del ser más vil, más pequeño, han muerto; la sabiduría ha muerto en mí, en los nubarrones que borraron del cielo tu mirada, en el elixir venenoso que he tomado creyendo estar soñando, en mis venas que se cierran y me asfixian y entumen, prohibiéndome besar con arrepentimiento la imagen que aún hoy descansa en mi habitación. Quizá es miedo a que los minutos dejen mi piel flácida mientras el amor, ese etéreo y complicado sentir entre dos –o entre uno, me gusta pensar– pase de largo mi ventana, se olvide de que existo y que lo extraño. Extraño aquella extraña materialización del amor que se llamaba tú, que siempre y cuando fueras tú significaba minutos apacibles postrados en el tostar de un mediodía. Hoy el tiempo y el espacio entraron en revolución: uno, alargando los momentos de letargo y desesperación; el otro, reduciendo al infinito el lugar donde mora mi corazón, cerrando las paredes con claustrofóbica diversión. Así, mi tiempo se expande y mi espacio se cierra… a eso llamo yo demonio, miedo, en fin aquella soledad que nunca pensé encontrar.
Busco tu boca hoy y me encuentro salivando el áspero de una roca, pregunto por tu piel y lo único que encuentro es un frío que me estremece. Te has ido, quizá para siempre, sin saber, nunca saber, que mi único miedo –hoy lo comprendo– es haberte dejado ir, sabiendo, sufriendo por entender que nunca regresarás a mí, aun cuando mi piel te reclame, mi corazón te añore y mis letras y palabras no dejen de conducirme a ti.
18 abril, 2007
El Burdel informa
Aquí una pequeña reseña:
Caza de Letras es un concurso literario en línea que se realizará del 11 de mayo al 6 de julio de 2007, en un formato similar a los reality shows televisivos, adaptado al lenguaje de Internet. El ganador recibirá 50,000.00 (CINCUENTA MIL PESOS 00/100, M.N.). Podrán participar escritores de 20 a 35 años, mexicanos o extranjeros residentes en México. Un comité dictaminador seleccionará a 12 escritores que convivirán durante 8 semanas a través de blogs integrados a este portal y trabajarán en línea con tres escritores anfitriones quienes, a manera de taller, les plantearán retos de escritura en distintos géneros literarios. El jurado estará conformado por estos anfitriones, que deberán nominar semanalmente a dos o más huéspedes, según el desempeño de cada uno, para salir del concurso. Con la misma periodicidad, uno o más de estos nominados será expulsado con base en la decisión del jurado y los votos de los lectores. El público tendrá así un papel importante en este concurso: podrá comentar a cada huésped su trabajo y podrá votar a favor de su concursante favorito e influir en el resultado de las eliminatorias.
Las inscripciones al concurso se han cerrado y por ahora un jurado para la primera etapa del concurso selecciona a los doce escritores que participarán en este virtuality.
Otro jurado, para la segunda etapa del concurso, es el que trabajará con los escritores seleccionados con el fin de designar a un ganador y estará integrado por Alberto Chimal, Álvaro Enrigue y Mónica Lavín.
Así que sin otra cosa que comentar, invito a los lectores y creadores del Burdel a seguir de cerca este concurso que seguramente será interesantísimo y a participar con sus comentarios en la página del concurso así como en los blogs de los concursantes. Próximamente daré los vínculos a estas páginas.
Por último, creo que este virtuality, además de ser interesante por la calidad de el jurado que coordinará el concurso y por el talento que seguramente tendrán los escritores participantes, sólo puede ser un éxito con el seguimiento y participación de los lectores vía sus comentarios y opiniones.
En fin, visiten los links que he puesto en esta entrada y estén pendientes de futura información.
Este fue Vicente Navarro para el Burdel News... mmmm... ¿regresamos al estudio? ¿No? Bueno ya me voy.
16 marzo, 2007
Algunas preguntas respecto de la libertad.
Si… los tiempos modernos exigen al pensamiento eliminar concepciones metafísicas y abstracciones como “el hombre” y “el ser”.
Si… la construcción de la personalidad y la realización humanas parten del reconocimiento en el individuo de la necesidad de una auto-definición en los propios términos, es decir, la salida al encuentro de mi camino, mi forma de ser hombre en el mundo.
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Desnudo y entre flores de campo quedó recostado el vientre blanco mío que respiraba con tonalidades de primavera. Los dientes y labios habían hecho un plan para delinear la sonrisa más bella y deliciosa. Las flores, cuando te rozan discretamente, producen sentidos tan disímiles como excitantes: una cadena de caricias animadas por el viento y enloquecidas en un centro neurálgico perfecto, agudo. Me he llamado yo y descanso en el pensamiento de un océano eterno: yo soy la magia mía, yo soy el que, recostado en la silente majestuosidad del jardín, pienso. “Je pense”. El ejercicio de verte desnudo, ese espejo en el que un “adentro” es inspeccionado desde un “afuera” que es, a su vez, ventana y puente de salida, electriza aún más el cuadro en el que me estoy pintando desnudo mientras las flores me rozan por el sigiloso viento que las empuja contra mi piel, desnuda, que las recibe como tormenta de sensaciones en cadena. El eco de mis sentimientos se vuelve el centro de la experiencia: ya no soy sólo yo quien recurre a ser centro, sino la naturaleza toda la hace su centro en mí, se instrumentaliza esclava y sierva de la sensación. ¿Lo notas?, el ombligo del mundo estuvo siempre tan cerca y jamás lo vi. En cada corazón se forma un núcleo que encierra para sí todo su alrededor, y todos bailan al ritmo de mi respiración, y hasta los otros que me miran son no más que actores en la puesta teatral que lleva mi nombre, de la cual soy director. En mi respiración desnuda sobre flores que me besaban con el correr del viento se ha anidado el centro del mundo: ya muerto Dios, la tierra o el hombre, soy por fin libre de emprender la carrera mía, la propia elucubración de la materia única que me compete: mi personalidad, mi vida, la posesión magnífica con que fui dotado y plenipotenciado.
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La reflexión es simple… ¿qué es lo que definimos?, una vez que los horizontes de significación, es decir, aquéllos contextos sobre los cuales las evaluaciones de uno mismo toman relevancia, han desaparecido, ¿qué importa lo que decidamos? En este mundo que tanto defiende la libertad como bien supremo, ¿cuál es el valor de una elección, si cualquier cosa que decidamos tiene el mismo no-valor? Se me podrá decir que la libertad tiene un valor en sí, cosa que habrá que admitir, pero, aparte de este (¿pseudos?) valor, ¿existe un valor en las decisiones que tomamos?
Resumamos: los tiempos modernos no reconocen argumentos metafísicos, es decir, todos los horizontes de significación que argumentan el bien y el mal a partir de fuerzas trascendentales, fuera del mundo, deben ser por definición eliminados. Pero entonces, ¿de dónde surgió esta idea moderna?, ¿alguien puede negar que la afirmación del hombre autónomo y cuya conciencia es auto-regulada es eminentemente metafísica?, ¿cuáles son los argumentos racional-instrumentales para afirmar que el hombre es eso que se dice de él? Si partimos de un momento metafísico, ¿cómo negar la posibilidad de la metafísica?, ¿no es de ella misma de donde el entramado liberal o libertario crea sus significaciones? Si vamos más allá, notaremos que el liberalismo define al hombre como la no-definición, es decir, como aquél a quien nada externo (pre) define al sujeto. Ahora, si esto es cierto y nos encontramos en la contemplación del sujeto “vacío”… (como dijera un querido filósofo), ¿no es esta visión más metafísica que todas las demás?, ¿cómo se intuye o se racionaliza a este sujeto?
Más allá: suponiendo la posibilidad de hablar sin metafísica, la posibilidad de un hombre que se auto-define de acuerdo a sus propios criterios (¿en verdad todos los hombres tienen sus criterios?), caemos en la primera pregunta, ¿por qué es tan importante algo tan efímero y errático?, ¿no será que, en última instancia, ha sido imposible retirar la metafísica de las vidas de las personas y que, aun libremente, el valor de sus decisiones procede de criterios ultra racionales?
Nota. La reflexión que presento toma prestadas ideas de varios filósofos. No es mi pretensión presentarlas como mías. Desde autores como Rene Descartes e Immanuel Kant, hasta Charles Taylor, Martin Haidegger, Friedrich Nietzsche, Alan Haworth, Isaiah Berlin, han desarrollado estas ideas en toda su extensión. en particular, tomé ideas del texto doctoral de Eric Herrán. Aquí sólo pretendo plantear una pregunta.
