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12 enero, 2008

Medianoche



Es sabido que en días tranquilos
al mar, para ser mar,
le falta el viento

el mundo habla a diario
sobre la inminente necesidad de la noche
para que el día sea considerado eterno

es cosa común que el grande busque al chico
y que éste busque, a su vez, al mediano
para acabar, al fin, todos en un árbol o tendidos en el piso

es tan natural, incluso lógico,
que los sonidos de las letras ante tus ojos enmudezcan
(¿acaso no lo habías pensado?),
y tan cierto que los ciegos,
hartos de las sombras,
contemplen las estrellas,
que me resulta incomprensible,
sencillamente inexplicable,
que me interne en el tren de medianoche
a un lugar cuyo destino
no sea otro que tus sueños

Leo Cerezo

14 marzo, 2007

Santa negra*


tambores hierven paralizándome su eco
tumm tumm / tambaleándose el silencio
rugidos de pantera y de gallina el verso
boom boom / bamboleándose su cuerpo

dama negra de la noche envuelta,
rostro marcado y con serpiente el yelmo
--- boca ancha, fuerte el ceño
ojos brunos y en la muerte el rezo

boom boom
-----hechicera de los falsos muertos
boom boom
-----erupción de vísceras tu anhelo

danzas apropiándote mis huesos, me miras…
---estancas en suspiro la sangre impía
---te sacudes burlándome la vida
castigas, negra, con agujas de carne viva

boom / acercándose tus manos
tumm / desnudo ya el regazo
boom / arañándome los brazos
tumm / de tu voluntad esclavo

¡anda, bruja, deja ya tu vil encanto!
boom boom / tregua a tus caderas y paz al sucio llanto
¡vamos, negra, sal del fuego y hazme santo!
boom boom / acepta el fruto de cuchillo y canto

tum / el sinsentido entre mis manos
boom / presente vivo que te traigo
tum / sangre y río el contrabajo
boom / de locura el corazón humano


Leo Cerezo



18 febrero, 2007

Sed


-¡Tengo sed!


Era lo último que escuchaba antes de despertar sudoroso y con la respiración entrecortada. Aquella noche esa frase retumbaba entre la noche como recuerdo de lo que había sido. Su poder se había ido, no quedaba nada. Lo único que podía adivinarse en medio de aquella recién formada tumba era el brillo de unos ojos que, exageradamente abiertos a causa de la angustia, rogaban ayuda.

Hasta ese día el ritual se había repetido puntualmente. Todos los días Tomás despertaba sofocado a las cinco cuarenta y cinco en la mañana. Ni un minuto más, ni un segundo menos. Los números rojos de su despertador lo atestiguaban. Con todo, Tomás no los odiaba. Había aprendido a convivir con ellos y alegrarse al verlos. Ese brillo rojo en medio de la oscuridad significaba que, por hoy, había logrado escapar. El sudor en su frente también era su amigo. La humedad acumulada era una prueba del esfuerzo realizado para escapar de sus sueños—malditos sueños—, por lo que cada noche, luego de su escape y siguiendo las formas del ritual, se llevaba la mano a la frente para cerciorarse de su realidad. Una vez ratificada su existencia, se levantaba de la cama y se dirigía al baño. El rostro con el que se topaba en el espejo había cambiado desde la primera vez…la mirada inocente del niño había dado paso al rostro juvenil, y éste, a su vez, había sido testigo del paso a su estado —decrepito— actual. Las grandes ojeras en el rostro hablaban del sufrimiento de ese hombre. Para Tomás, soñar era un martirio. Cada noche, desde que tenía memoria, era acechado por demonios en sus sueños, por lo que buscando evitarlos —a los demonios y a los sueños— había cultivado el hábito de los paseos nocturnos, lecturas desveladas y procurado la asistencia a cuanto grupo, lugar o evento congregara trasnochados. Pese a todo, era inútil. Más allá de unas cuantas noches en vela, que acababan siendo un calvario durante el día, Tomás terminaba dominado por Morfeo y, en más de una ocasión, en los lugares menos indicados.

Pasaba sus días buscando una cura. Lo que él quería era no dormir, negar la oportunidad a los demonios de presentarse y acosarle, escapar de su martirio. No había nada que pudiera hacer. Brujos, curas, psicólogos, médicos y amantes lo habían intentado sin conseguir nada. No entendían. Hierbas, pastillas, divanes y caricias habían pasado por él sin ayudarlo y sin darse cuenta que sus prescripciones condenaban a Tomás al infierno que tanto detestaba. Dormir: maldición infame, cruz a cuestas, río de muerte y desesperación. Sin importar dosis o remedio, como condenado a una eterna penitencia, Tomás dormía. Esa era su maldición.

Un día mientras escapaba de los brazos de sus perseguidores, Tomás cayó. En el suelo, rodeado por sus captores, horrorizado y sintiendo cercano el toque de la muerte balbuceó un par de palabras: Tengo sed. Dicho esto cerró los ojos y se entregó a su fin. Cuando los abrió de nuevo estaba desparramado en el suelo húmedo de un lugar oscuro… sudoroso, maloliente y agitado pero, lo más importante, vivo. Desde entonces, lo más cercano a un remedio para su mal eran esas dos palabras. Repetirse a sí mismo que tenía sed era lo único que lo ataba a la realidad y que le permitía escapar de su laberinto personal. Así, inició la confección de su ritual: llevarse la mano a la frente al despertar, no tomar más agua que la estrictamente necesaria —había conseguido subsistir con tan sólo un vaso de agua al día—, acudir constantemente al baño y mantener cerca de sí, en todo momento, una jarra —vacía, por supuesto— como símbolo de su anhelada redención y su constante sed. Sed por tener sed.


Febrero 1

“Me costo trabajo despertar. Los demonios casi me alcanzan. Prometieron que vendrían a buscarme.”

Febrero 6

“Fin de semana. Logré pasar el día sin acabarme el vaso. Mi casera me preguntó si estaba bien: dice que se me ven grandes ojeras. Yo me veo normal”

Febrero 10

“El doctor dice que no puedo vivir así. Me recetó descanso y pastillas para dormir. ¡Tonto! No entiende nada. ¡Nadie entiende nada!...No puedo dormir, ¡no quiero! ”

Febrero...15(creo)

“Pude ver sus dientes. Son grandes y afilados. Quiero que se vayan… ¿Qué hice?, ¿Por qué a mi? Voy a ser fuerte, tengo que serlo. Si no duermo no podrán salir.”


Febrero 2...

“No tengo a nadie. Quizá sería mejor aceptarlos y vivir con ellos... me duele, me duele mucho. Estuve a punto de hacerlo...¡No! ¡Resiste!...si no lo hago ellos vendrán!”


Febrero

“Sed, sed… vienen por mí. Ya no puedo burlarlos mucho tiempo. No quiero dormir. ¡Malditos sueños!”


Febrero 24

“¡Están aquí! ¿Cómo salieron? ¡Es imposible! Se acercan… ¡Dios! Son muchos. Me están rodeando. ¡Tengo Sed!, ¡tengo sed! Siguen avanzando…

-Despierta Tomás, ¡despierta!

-No, no estoy dormido…ellos están aquí.

-No, Tomás. No. No pueden estar aquí.

-Sí, salieron del sueño.

-No.

-¡No son un sueño! Puedo oler su aliento fétido sobre mí…

-¡Despierta ya! Vamos, Tomás. Deja ya ese lápiz. Vas a morir.

Cuando lo encontraron estaba casi en huesos; con los ojos muy abiertos y aferrando un lápiz en su mano daba un toque desgarrador a la habitación. La cama destendida, la basura almacenada, el baño desbordado, inmundicia y la ropa sucia…todo sugería que aquel sitio había sido el único que aquel hombre había visto en mucho tiempo. La casera dijo haberlo visto por última vez hace más de un mes, cuando le pagó la última renta. En ese entonces se veía flaco y paliducho pero era un hombre. Lo que estaba en el piso del apartamento había dejado de serlo, era otra cosa. Nunca había sido un hombre parlanchín —quizá nunca había sido un hombre— por eso, cuando la casera dejó de verlo se limitó a introducir las cuentas por debajo de la puerta. Cuando abrieron el apartamento cuentas y recibos seguían ahí, mojadas y en el piso, formando parte del asqueroso tapete de desechos húmedos que tapizaba aquel lugar. Encontraron rotas las llaves del baño, las paredes enmohecidas, una jarra de agua—llena, naturalmente— y un olor pestilente acentuado por la humedad de aquel lugar. Encontraron también una libreta junto a él. Al abrirla un papel se precipitó al vacío. Era la receta de un doctor, le ordenaba descanso y muchos líquidos. El diagnostico: deshidratación. Al volver los ojos a la libreta notaron que era su diario. Allí, con grafías ansiosas y desdibujadas, se podían leer sus últimas palabras:


- “ Tengo sed”


Leo Cerezo

06 febrero, 2007

De realidades y absolutos

¿Fastidia, hombre, tu realidad bastarda?
la puta que señalas y te abraza,
esa cuyo seno tu letra alcanza
y que sufre mientras tu vida guarda

¿Olvidas el regalo que resguarda?
libertad para tu prosa ensalza,
un cuerpo para tu afilada lanza
y un manto aún para tu credo aguarda

Lloras y clamas por las letras luto
cuando enjuicias en el verso “nada”,
¡ rezas, necio, verdad en absoluto!

¿Ves posibilidades en tu “nada”?,
o cegado por sórdido absoluto
¿impondrás realidad totalizada?
Leo Cerezo

15 enero, 2007

Rêve

Sueños
soñadores tú
soñadores yo
un sueño

sueños no soñados y soñados
imagenes soñadas y por soñar
soñar tus manos
soñarte. soñarme

sueños nosotros
tú, yo
un espacio seduciendo
un tiempo /
corazones palpitando amor

sueños
soñando y viviendo
una historia
tú y yo

Leo Cerezo

03 diciembre, 2006

Seppuku
Por Ocelotl*

"Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérela, pues, en todo lugar."
Séneca


I

10 de la noche de un 1º de noviembre que se antoja romántico e íntimo, envuelto en una atmósfera tibia y contrastante con el espacio exterior, ese que apenas se vislumbra del otro lado de la ventana. Espacio gris, místico y profético, espacio que advierte un futuro invierno pocas veces visto.

La atmósfera cálida del interior corta de tajo el sabor que produce la contemplación de miradas gachas de algunos pocos que se aventuran a pisar las mismas calles grises y sucias por las que tantas ocasiones caminé.

En el interior todo es cálido, la atmósfera que con esfuerzos se logró ha valido la pena: finas velas estratégicamente acomodadas en la mesita redonda engalanan el idílico cuadro, persianas nuevas enmarcan el recinto, luces reflejadas en las paredes crean contrastes delicados, deliciosos, dignos de halagar a la más hermosa mujer.

El juego de luces es la cereza del pastel. Cuatro lámparas minimalistas acomodadas en los cuatro puntos cardinales del lugar forman una delicada cortina de luz que inunda todo el lugar, ya no más cuatro paredes frías, sino océano de insinuaciones tenues de luz con pequeñas provocaciones del fuego de las velas.

Aquel océano-desierto de contrastes finos, minúsculos, suaves, producidos por el jugueteo de la luz con la mesita, con las dos sillas (estratégicamente juntas, casi entrelazadas, apenas rozándose ), con el sofá de la sala; se combinó con el aroma de mis dos platillos favoritos: lasagna y crepas, la mezcla perfecta, la dualidad perfecta, los polos perfectos... el detalle romántico por excelencia.

La atmósfera era inigualable: luces y sombras haciendo el amor, olores provocativos, apenas allí presentes, mezclándose impúdicamente... sabores transformados en contrastes sugerentes y sensuales, y por si la ecuación no resulta perfecta, el vino tinto sería, casualmente, el hallazgo afortunado, el rotundo fin de improbables y no contempladas indecisiones, la invitación inocente a fundirse con el ambiente, la proposición indecorosa a la que nadie se puede negar.

Todo el retrato logrado con esfuerzos, con años de preparación, inducía a la extinción del yo e invitaba sutil y salvajemente a la fusión de cuerpos, a las mentes amalgamadas con un solo propósito, a la exaltación de lo divino masculino y femenino. En pocas palabras, aquello sería una comunión íntima, embriagada de colores, sabores y aromas, todos cuidadosamente ordenados para invitar e inducirla a ella, pues ese era el principal objetivo del ritual, vencer poco a poco, calladamente, todas sus defensas.

11:45 de la noche y la velada esta próxima a comenzar. Ya la imaginaba yo, entrando con esa sencillez digna de una princesa, con su cabello largo, negro, brillante... hermoso; su rostro frío y su mirada penetrante, por momentos indecorosa y provocativa, y sin embargo, bañada de destellos de inocencia.

Ya la imaginaba quitándose el abrigo, dejando al descubierto su cuerpo sugerente, delgado, embriagado ya de luces, sombras y reflejos, dejándose acariciar sutilmente por las velas, deseando sentir algunas gotas de cera sobre su vientre.

Ya veía yo sus brazos desnudos, sus hombros escarchados, llenos de constelaciones y estrellas antiguas, su mirada profunda y negra, sus manos largas y pálidas tomando una copa de vino.

Todo iba a pasar esa noche, todo tenía que suceder, comenzando con una animada conversación de todo y de nada, impregnada de historias y coincidencias desafortunadas, de encuentros y desencuentros... Palabras diluyéndose poco a poco, convirtiéndose en degustación de sabores y sudores, en intercambio de miradas, transformando un bocado dulce en un beso en el cuello, y ese beso en intermitentes y febriles caricias, interrumpidas por el menguante vino.

Tras los besos y los sorbos, la transmutación sería total, dejaría de ser yo para ser con ella, cederíamos un poco de cada uno para transformarnos en el otro, en eso otro que yo deseaba en lo más profundo de mi conciencia y que ella, sin lugar a dudas, estaría dispuesta a ofrecer.

Obviamente la música tenía que aparecer, obviamente haría acto de presencia durante el vino, para que poco a poco, ese delgado espíritu liquido y las vibraciones sonoras, crearan un velo que cubriera cuerpos desnudos, entrelazados, llenos de marcas de caricias aplazadas, cubiertos de sudor, llenos de mordidas salvajes, mezcladas con salivas, con deseos, rasguños... con gotas de cera y vino y sudor.

No habría otra noche más, ni otra cena romántica en su honor y para ella, nunca otra indecisión, nunca más esos miedos incoherentes e inmaduros que me obligaban a no dirigirle la palabra... nunca más aquellas fantasías infantiles, imaginándola a mi lado, tomados de la mano, caminando bajo la lluvia, besándonos bajo su manto, o haciendo el amor a orillas del mar.

Nunca más el miedo a su rechazo, nunca más esperarla a la salida del trabajo y retirarme sin cruzar palabra, nunca más pensar en ella sin tenerla.

Todo iba a pasar esa noche. Le contaría lo que nunca he contado, me revelaría sus secretos más íntimos, sería sincero y le diría que su belleza simplemente me inhibía... Se reiría con migo y me reiría de mi. Esa noche me confesaría ante ella, para después tirar a la basura su sermón y no cumplir con la penitencia, y la proclamaría mi reina y señora.

No había margen de error.



II

Llegó la hora y poco a poco se fue rompiendo el hielo. Las luces cardinales se unieron en armonía con el fuego del centro, de las profundidades... interior. Los aromas se hicieron presentes por un segundo, los sabores también. Todo fue ofrenda pagana, cada detalle confluía en abrazos... temerosos al principio, descarándose poco a poco, irreverentes y arrebatados después de la botella de vino.

Fantasía hecha realidad, sueño alcanzado, castillo en el cielo con una elegante y funcional escalera eléctrica. Un verdadero himno a los sueños, al único sueño de toda una vida: estar con ella, junto a ella, dentro de ella, encima suyo. Acariciándola, susurrándole al oído, empapándonos de nuestros sudores, embriagados y desnudos... completa, espiritual y filosóficamente desnudos, sin vestigio alguno de pudores o tabúes ancestrales.

Noche perfecta, velada mística, alfa y omega catalizándose por obra y gracia del vino. Por fin con ella, intercambiando promesas, negociando suspiros y caricias profanas, equivocando el beso preciso, acertando en blancos suaves, llenos de galaxias, lunares, sombras y sabores.

Esa noche todo iba a suceder. Cada minuto sería un hechizo constante de miradas profundas y confesiones, hasta que ella, fría, sombría, sensual, estoica, dio el paso anhelado y entre jadeos, risas y susurros tomó finalmente la tan esperada iniciativa...

Tomó mi mano aun tibia...

La puse sobre la mesa...

... y de un solo movimiento la piel se rasgó y el mantel blanco se confundió con una mezcla de merlot y sangre.

Lo último fue su sonrisa hermosa, radiante, engalanada por esos labios rojos, ancestrales, joviales. Era hermosa y me confesó algo que no creí cierto.

-Eres hermoso, eres un sueño alcanzado –dijo- ... Nunca más esas fantasías eternas ni esos miedos infantiles que me obligaban a no dirigirte la palabra, a esperarte a la salida de cualquier lugar sin siquiera intercambiar miradas. Nunca más esas fantasías de estar juntos... gracias por la romántica velada.

III

El último vestigio de la realidad golpea fulminante...

La veo sonreír pícara, indecente, inmortal, tomando su abrigo y su daga, despidiéndose de mi, con un ademán por demás provocativo, simulando un beso en el aire. Se retira sin llevarme con ella.

2 de la mañana de un 2 de noviembre que se antoja lleno de flores y ofrendas. Fúnebre y gris, salpicado de sonidos remotos...

Una sirena persistente, de ambulancia...

Una puerta que se abre de golpe.

Se rompe la atmósfera aun tibia, aun con su esencia, llena de su perfume y de su rostro pálido y sobrio.

Unos seres vestidos de blanco, que intuyo paramédicos, anuncian el fin de una velada infructuosa.

Llegamos a tiempo, dicen.

Tontos, llegaron a interrumpir.

* Ocelotl es un viejo amigo, compañero de antiguos viajes, periodista, comunicador y zapatista... entre otras cosas

30 octubre, 2006

Extraña Obscura

(o de la pasión inquieta)



furiosa y salvaje
tu mirada se presenta
iracunda y excitante
la manera en que lo intentas

concentrada y redundante
tu farsa de musa ajena
deslumbrante y ataviada negra
me asalta tu pasión envuelta

¿ a dónde vas si no me tienes?
¿ por qué te alejas si aún no me besas?

esperaré el momento en que vuelvas
el instante justo en que esa puerta sea pasado
y el presente sea tú y yo
revolviendo nuestras letras



Leo Cerezo

29 septiembre, 2006

Exégesis

Despierto en un sitio obscuro. No entiendo. Me invade una sensación de abandono (o quizá de abandonado). Trato de sentir lo que me rodea con mis manos, como lo hacía contigo. Nada. Nada es lo que encuentro. Negación sublime de recuerdos, carencia de palabras, espacio vacío, ausencia de tus manos.

Te veo en una pared que ya no es mía. Miró unas manos que ya no reconozco. ¿Quién eres tú?, ¿Por qué ahora tu mirada se me antoja más taciturna que nunca? Triste. Despierto junto a tí pero me resultas un extraño- o quizá yo soy el extraño, ¿ o el hijo pródigo?

Recuerdo como alguna vez tus palabras me recorrieron de principio a fin. Alguna vez hablar de tí me producía pequeños temblores en el cuerpo, emoción. Hoy te veo, a los ojos, a tus brazos, a las heridas. Siento respeto pero no mucho más. Hoy para mí eres un gran hombre (o un gran viejo, según como lo veas). Eres alguien que se atrevió a ir más allá, que se imaginó otro mundo y lucho por él. Eres aquel que, con mujer o no, sintió la humanidad en sí misma y actuó, gracias o a pesar de ella, dispuesto a aceptar las consecuencias. Para mí eres un ensoñador que transformo la realidad viviendo su propio sueño.

La mirada en tus ojos es la misma: la que le imprimí hace tantos años, la que surgió de mi lápiz, la que ahora se me antoja nostálgica. Quizá es mi nostalgia la que pongo en tus ojos mientras tú sigues siendo el mismo. De cualquier forma, ahora tan sólo eres mi compañero de habitación y yo el tuyo. Tú duermes en la pared y yo en la cama; tú siempre estas ahí, yo me ausento… No eres alguien de cuya existencia me quisiera olvidar pero tampoco eres aquel eternamente presente. Digamos que tú eres y yo soy. Diferencias ontológicas.

...

Ya no hay mucho más que podría decirte…

La obscuridad sigue ahí pero ya no hay necesidad de recuerdos ni palabras. Mis manos ya no buscan. El abandono ya no es cierto. No hay carencias ni ausencias. Calma. Sólo calma.


¡Hasta mañana!, cuida que esos brazos no se cansen y que tengas un buen sueño.

Así sea
Leo Cerezo, Diciembre 2005

21 septiembre, 2006

Diálogos Contronianos
(Sátira de puesta en escena en ? actos)


Acto Primero

En escena nada más que una mesa, un cuaderno, y un par de sillas viejas. Un foco alumbra la escena. Sentados a la mesa Super-Yo busca respuestas entre penumbras. A su alrededor se escuchan risas y un lamento. Yo escucha (in)pacientemente. Una mujer, entre las sombras, en una silla y con la figura indistinguible, los observa.

Super-Yo:

-Y que hago yo aquí, en medio de una nube etérea; inmerso en esta fantasía que nubla los sentidos pero eleva el corazón ?

-Qué hago aquí... rodeado de anhelos y de estrellas, a la mitad del camino hacia los sueños, con escala en la tierra del tormento?

-Por qué no camino donde hay luz, hacia la pasión, a las estrellas? ¿Qué diantres hago entre copas, cigarros y deseos?

Yo:

- Estoy aquí porque me encuentro en la explosión de estos tiempos, en la pasión, en las miradas; estoy porque me busco en ti, porque me busco en mí; porque, al final, en las ideas me buscas y en el amor me encuentras.

El foco se apaga lentamente al tiempo que Super-Yo apura el último trago de su copa. Yo escribe. Cae el telón

Acto Segundo

La escena se ilumina con el mismo foco parco de la escena anterior. Un soñador entra en escena. Toma asiento junto a Ello- Super-Yo y Yo, que para entonces se han fundido en uno sólo-. Ello tiende un cuaderno al soñador. El soñador lee. La mujer continúa mirando desde lejos. Soñador plantea la conversación. Las risas, al fondo, siguen acompañando la escena.

Soñador:

-Y es que...mire usted, señor. Yo me pregunto, por qué dejamos de soñar? No me diga usted que dejamos de soñar porque dejamos de soñar. Eso no me dice nada. Mire usted, yo dejé de soñar cuando las figuras se volvieron estilizadas (y no tanto estéticas); yo dejé de soñar cuando nos hicimos cazadores del éxito ajeno, cuando nos hicimos tan comelones, tan gastadores...

-Mire usted, yo nos sigo preguntando, por qué dejamos de soñar un día? y fíjese que no encuentro respuesta...Yo sólo sigo soñando sin sueños, sin las ganas de hacerme marinero, de hacerme revolucionario. Yo simplemente, amigo mío, sigo soñando sin soñar, sin dormir y sin despertar. Sigo soñando y no se qué sueño...

- Dígame, qué sueña usted? TAL VEZ NOS HACEMOS UN SUEÑO PARA LOS DOS... O PARA LOS DEMÁS.

Ello:

- Yo sueño al infinito. Sueño a la revolución aunque sin ser revolucionario; sueño en un mañana, en una estrella, en un momento que a tiempos siento inexistente...

(Mirando al soñador con una mezcla de agudeza y melancolía)

- Sueño con la duda. Pero he de decirle que en el anhelo siento que puedo, que existe el tiempo y espacio adecuado... aunque a veces me despierto.

(Ello dirige la mirada hacia las sombras y cerrando el puño se dirige a un público inexistente, al público que acompaña a la mujer sentada en la penumbra)

- Cuando despierto, amigo... Qué hacer? Qué decir? Qué pensar? Cuando despierto no queda más que volver a soñar, elevar los ojos al firmamento y redescubrir mi estrella- o quizá una nueva.

- Cuando despierto quiero integrar el sueño a la realidad, sacar las alas y volar...

(Volviendo la mirada al soñador y con ánimos exaltados)

- Me gusta saber que estoy vivo; que siento; que pienso; más aún, que vuelo. Porque mi existencia, compañero, no sería nada sin ese vuelo; porque sería un accidente, un sinsentido. Me gusta soñar y saber que a cada paso llego... un paso más, cada vez más cerca, un instante más de soñadora realidad.

(Calmado ahora, con la certeza de lo que está por decir es ratificado por su sola existencia pero con la ansiedad de quien está por hacer una confesión)

- Sueño porque eso es lo que soy: un soñador sin tiempo, sin espacio, sin nada más que la materia de sus sueños y quizá el ritmo de algún verso. Sueño porque sin soñar me perdería... en la realidad azul, en los recodos del camino que conducen al simple anhelo, a la monotonía, a la derrota, a la simpleza, a la idea inconclusa, al hacer porque es debido, a la nada. Sueño porque sin ello sería uno más; porque sin ello me revolcaría en el polvo de este suelo.

Soñador:

(Mirando fijamente a Ello)

- Usted, amigo mío, no sueña más alto que la estrella que es más vieja en el universo (y fíjese que las hay!; existen hijas más viejas que el creador). Usted no sueña más lejos que el Amazonas que sueña con su imposible libertad... o digamos el Balsas, el Usumacinta, que sueñan liberarse de su prisión, humana y prácticamente, entubada.

- Usted, amigo mío, no sueña más alto que la montaña (digamos el monte) que sueña con conquistarse a sí mismo, y no ser conquistado por algún aventurero con tanque de oxígeno. Usted, hermano mío, no sueña como el viejo sueña con sus memorias.

(Rodeando a Ello con su brazo)

-Usted, poeta mío, no sueña con soñar... Usted sueña con lo soñado y nada más: igual que yo.

(Con la mirada fija hacia ti, hacia tus ojos, al lector, y con voz segura, te habla)

- Soñemos pues, en ser aire, en ser montaña, en ser río, en ser simplemente soñadores que no sueñan nada y sueñan todo. Seamos soñadores de aventuras... nos invito a ser marineros!

Soñador se pierde entre las sombras. La iluminación cede dejando a Super-Yo y Yo sentados a la mesa. Las conversaciones crecen y las risas estallan. La mujer en la penumbra fija su mirada en él-ellos. Cae el telón y permanece abajo haciendo pensar al lector que la sátira llego a su fin. Cuando está a punto de retirarse las luces a su alrededor se apagan y el telón sube otra vez.


Acto Tercero y ¿Último?

La escena apenas se ilumina lo suficiente para distinguir a Ello a la mesa. Sobre ella una libreta, un bolígrafo y un cigarro encendido descansando en el cenicero. Ello contempla... todo y nada, luz y ausencia, realidad y sueño. Siguen las conversaciones y las risas. Suben de tono hasta que se escucha un ruido. La luz se apaga tan sólo para despertar de nuevo alumbrando una silla en el suelo, a la mitad del escenario: la silla donde estaba la mujer. Una luz, desde arriba, ilumina a la dama. Lleva ropa obscura, su cabello es medio rizado y parece de respetable figura. El rostro permanece oculto. Sólo se distingue su silueta. El lector, sorprendido por la obscuridad y atraído por la luz del escenario, fija sus ojos en ella. La mujer, en actitud firme pero cómplice, encara al lector.

Mujer:

- Yo sueño que soy nada y nada soy; porque hoy que deseo, nada deseo. Maldita sea!, Bendita soy!

La mujer se dirige a Ello y se sienta a su lado. Se miran fijamente, toman sus manos y, en actitud amorosa, se enfrascan en una nueva (vieja) discusión. Cae el telón.


Fin-creo- de la satírica puesta en escena en ? actos


Leo Cerezo, Agosto 2006

19 septiembre, 2006

Sábanas revueltas

Versión Final

Esta mañana tu recuerdo vino a mí en una cama destendida. Al entrar a la habitación yacías ahí: revuelta, usada, sudada, olvidada. En espera de aquel que te ocupara, que se tendiera sobre ti y te dominara.

Me quede mirándote un minuto:

60/Dónde estabas?/Qué haces?/58/ Y tu espalda?/te ves distinta/55/algo en tus ojos/te encuentro rota/Usada/Vieja y alborotada/51/ Tus ideas extrañas/50/ Odio tu ausencia de palabras/Y ahora por que demonios callas?/Que bueno verte!!!/Te extrañaba/Te ves delgada/Me fastidian tus llamadas/Habla!!/43/... pero... eh.../sí, claro/llámame cuando me necesites/me haces falta/39/ por supuesto que no me haces falta!!/Qué carajos hago?/y tú?/No, ya no/Me esperabas?/34/No seré yo quien te salva/... bueno...no lo había pensado/No te entiendo/31/No pienses que me entiendes/No entiendes nada/lo sabes?/28/ estas segura?/ya no quiero nada/26/ni a ti /ni a tus ojos /ni tu cara / Calla!!/ 22 / y tus manos.../Dónde dejaste tus brazos?/te desvaneces/(inhalo)/ (exhalo) /tengo algo que decirte... /16/Desde hoy/tú/ya no/eres/esa mujer/10/Adiós/tu recuerdo/(ese especial)/se queda en un cajón/te quiero, sí/5/pero nunca más / 4 / vacío / 3 / cariño/2/amistad/1/ NADA /


00000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

-Cero-

El tiempo se detuvo. Por un instante, en el que el uno se hizo cero, pensé en tenderte y darte vida... No vale la pena. Tu esencia es la de una cama destendida.

13 septiembre, 2006

Duda 1

¿Dónde demonios se nos olvido el ser?

Sofisma nº 2*

ser es tiempo**
La forma específica del ser que corresponde al hombre es el "ser-ahí"(Dasein)
¿ el ser-ahí es temporal?


* a manera de provocación !!
**Heidegger (Cf. Ser y Tiempo)

Sofisma nº 1*


El Ser es siempre ser de un ente**
Un ente es aquello que es
¿El Ser es ente?


P.D. Y si el Ser es ente entonces es posible hablar de él como una entidad que exhibe existencia, capaz de ser diferenciada y con autonomía? Si es así, no perdería su sentido trascendente?


* Nótese: SOFISMA!!
** Heidegger (Cf. Ser y tiempo)
 
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